Y es que la situación perfecta si no se da en el momento adecuado, es un completo desastre. ¿Alguien se ha parado a analizar cada día la de pequeñísimas decisiones que pueden cambiar el resto de tu vida? Una amiga me contó la historia de una de sus mejores amigas, que se había enterado que su novio le ponía los tochos, y estaba hablando con él por el móvil y dijo: "Me voy a enrrollar con el primero que pase" y, eso hizo, paró a uno de la calle, le pidió un beso y este se lo dió... y se acabó casando con él. Una simple locura momentanea que cambió su vida. Momentos como estos se nos dan en nuestra vida millones de veces, a veces son algo tan impactante como este, aunque la mayoría son mucho más sutiles.
Pero sobre todo me choca los momentos contrarios, porque son mucho más difíciles, cuando no es el momento indicado. Personalmente los primeros los domino, aprovechar el momento indicado cuando se da siempre ha sido fácil, pero dejar pasar las cosas nunca se me ha dado bien. Quizás por mi faceta que siempre intenta conseguir lo que quiero, quizás porque sé que no aceptando un no por respuesta hay una posibilidad de conseguir lo que se quiere, pero se crea una dualidad importante entre intentar lo que se quiere en cada momento o respetar el tiempo de las cosas, ya que, intentando crear el tiempo puedes conseguirlo, pero también se puede conseguir el efecto contrario, que adelantándote al tiempo, las cosas no salgan como se quieren.
¿Tiempo o voluntad? Qué tiene más peso es imposible de decir, ya que cada pequeña situación de nuestra vida es un mundo... pero ahí está la emoción del asunto, ¿no?